El misterio del soñador (fragmento)

Capítulo 1
Una asignación inesperada

Departamento de Alexandra Kurnikov

Viernes 10 de abril de 2020. 8:20 am.

-Tienes 10 minutos para cambiarte y salir de esa cama Alexandra. Es la tercera alarma que sueno. No sonaré una cuarta.-

Otra noche con un sueño que no podía recordar, que me ocasionaba un fuerte dolor de cabeza. Sentía como si hubiese dormido demasiado tiempo, pero aun así, me sentía muy cansada como si no lo hubiera hecho.

Toqué mi almohada. Estaba empapada de sudor, ¿o eran lágrimas?

-Oh….déjame en paz Ivy… no iré a trabajar hoy. Me reportaré enferma.-

-Tienes una reunión hoy con el editor de “El Republicano”. Puede ser que te promuevan.- respondió Ivy desde la mesa de noche.

-O que me despidan… o quizás me asignen una historia muy aburrida….-

-Nunca lo sabrás si no te levantas. Si no lo haces en 10 minutos, prenderé la alarma de ambulancia, y no la pararé hasta que levantes tu flojo trasero de la cama.-

-Te apuesto a que me asignarán la historia de los ancianos. En serio Ivy, te apuesto bitcoins a que eso pasa.-

-Levántate…-

-De acuerdo madre, ya voy.-

Decidí hacer caso a Ivy y me levanté. -¿Por qué no eres un celular común y corriente? A veces desearía que solo te limitaras a recibir llamadas y mensajes.- dije, sobándome los ojos con cansancio.

-No podrías vivir un día sin mí y lo sabes.- Ivy tenía razón. Era como tener una pequeña bullosa asistente, que parecía una madre metiche pero que era muy eficiente en lo que hacía.

-Espero se te acabe la batería pronto…- dije entre dientes.

-Escuché eso.-

-¡Bien! Entonces recuérdame apagar el modo “mamá entrometida” de tu sistema.- dije dirigiéndome a la ducha.

-Descargando modo “mamá entrometida”. Estará listo cuando salgas de la ducha.-

-¡Oí eso!-

El agua no estaba lo suficientemente caliente, para variar, pero eso me ayudó a despertarme completamente. Ivy me había hecho recordar la reunión de hoy con el editor. Me puse a pensar, mientras dejaba caer el agua sobre mi cabello, si había olvidado entregar alguna reseña de alguna película o algún libro, pero rápidamente recordé que para eso tenía a Ivy. Si ella no me había mencionado nada al respecto, quizás era porque no había olvidado nada, pero sería mejor preguntarle para asegurarme.

“Qué terrible sueño” pensé. “Y lo peor es que no lo recuerdo.” Sólo sabía que había sido horrible. Era esa sensación de haber tenido una pesadilla y cuando estás sentada en tu cama sudada, tratas de recordar y te das cuenta que no puedes recordar ningún detalle del sueño. Ya eran varias noches que era la misma sensación de tener un sueño pesado o una pesadilla. Y siempre me levantaba muy cansada, a pesar de haber dormido lo suficiente. “Entiendo porque Ivy se queja”. Si seguía así, no estaría de más visitar algún psicólogo o algo.

-Hey Ivy…- empecé a decir mientras salía del baño con mi toalla.

-Tienes 15 minutos para cambiarte, peinarte, desayunar y sacar el auto de la cochera. ¿Crees lograrlo?-

-Rayos Ivy, estoy empezando a pensar seriamente que quizás si tengas un modo “Madre metiche”. Gregori no me despedirá por llegar unos minutos tarde a su despacho.- Me dirigí a la cómoda buscar ropa interior y mi ropa de trabajo.  Usualmente vestía una falda color negra, una blusa manga larga color rojo y unos tacos color negro. Normalmente no era muy buena eligiendo ropa formal, pero Molly y las chicas habían sacado mi lado femenino en las tiendas de ropa.

-Hey Ivy, el año pasado me asignaron el artículo del hermano mayor de Lensington ¿verdad?-

-Sí, y el año anterior también. Y el anterior, y el anterior, y el anterior… - dijo Ivy.

-Está bien, está bien. Tuve un lapsus brutus. Es que recuerdo que hubo un año que no me tocó a mí. ¿Los asignan por estas fechas verdad?-

-Respuesta afirmativa.-

-Rayos... otro año haciendo ese estúpido artículo.-

-Tienes 6 minutos con 40 segundos para llegar a la oficina.- dijo Ivy antes de que metiera a ella y su mandona voz en mi bolso.

-Ya, ya, silencio celular barato.-


-Oye, cómo te atrev…- Ivy no terminó de decir lo que quería decir porque la metí rápidamente al bolso y lo cerré.

(Imagen: "El sueño del caballero" de Antonio de Pereda)

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